LAS PINCELADAS DEL FUTURO
LAS PINCELADAS DEL FUTURO
Por Jennfer Ballestas
Eran las nueve y media de mañana, el sol se asomaba más fuerte a esta hora y cincuenta niños de varias instituciones públicas se preparaban ansiosos para plasmar sus ideas sobre la “Cartagena en el 2040” con respecto a lo que pensaban del cambio climático. Los voceros del plan de adaptación climática vestidos con camisetas blancas y gorras con el logo del plan de 4C que traduce a “Cartagena competitiva y compatible con el clima”, estaban preparados para pronunciar palabras para que los niños se colocaran ¡Manos a la Obra!
Alrededor de las 10:30 de la mañana cuando cada niño caminó y se sentó en frente de su caballete y los lápices de mina negra que cada uno sostenía, empezaron a trazar las primeras líneas de sus bocetos. Los caballetes estaban uno al lado del otro, ubicados de forma lineal. No obstante, ni las profesoras, ni los padres de familia, ni ningún otro adulto podía brindarle asesoría con su pintura; eran ellos solos plasmando las ideas en un lienzo y concientizándose a través del arte, de un fenómeno que azota a la población mundial, como lo es el cambio climático.
“De la noche a la mañana, el salió con que le apasionaba el arte y la creación y yo decidí apoyarlo y me parece que el concurso del plan 4C, es algo muy bonito y si Dios nos entregó un país verde, ¿Por qué no podemos mejorar un poco el daño que hemos hecho? Cuando uno le pone fundamento para que los niños que cuiden su planeta, ellos van creciendo con esos modelos; esto esto no es de un día, si no a diario tenemos que cuidarlo, nosotros desde la casa reciclamos y le ahorramos por lo menos, el trabajo de los recicladores de estar rebuscando entre las bolsas para encontrar los materiales” asegura Luis Miguel Castro mientras ve de cerca con una gran sonrisa a su hijo pintando.
Por otro lado, la profesora de artística Leda Martínez de la institución Bertha Gedeón de Baladi asegura que “En la institución trabajan con el PRAE un proyecto ambiental de las instituciones del distrito para crear conciencia en los jóvenes y niños. Hemos hecho “reciclo-metros”, también recuperado las zonas verdes del colegio y concursos de vestidos de reciclaje. Es más difícil llegar a los jóvenes que a los niños, pues porque no tienen interés alguno en el tema, pero ahí seguimos trabajando”, Dice mientras observa y aconseja a una de sus estudiantes, quien miraba concentrada como quedaba su obra. Continuaba paseándome por la lluvia de colores que alumbraba el lugar, me encontré con un peculiar dibujo de un corazón alrededor azul y dentro una torre del reloj que decía “yo amo Cartagena”.
Me acerqué sigilosa, y le pregunté a la niña qué plasmaba su dibujo, ella con una gran sonrisa aceptó y me dijo: “Yo amo Cartagena, no quiero que la contaminen porque es muy bonita y debemos cuidarla. Yo vivo en la Boquilla y no reciclan nada, todo lo botan en la calle, yo guardo mi basura en el bolso y cuando llego a mi casa, lo hecho en la basura. No tienen que ver con nada, nosotros en mi colegio hacemos lo posible por concientizar a la gente y con nuestro profesor hemos hechos campañas como “Boquilla foreste” sembrando árboles y reciclamos. Yo me imagino a Cartagena que los carros se manejen con la luz del sol y que la gente use más bicicletas¨” dijo Dayana Gomez, estudiante de la institución técnica de la Boquilla.
Me llamó la atención porque fue de las únicas que plasmó que cuidáramos la ciudad, pues alrededor del parque se encontraban principalmente obras devastadoras, con cientos de basuras e incluso Cartagena hundida en el mar; el optimismo por disminuir este fenómeno fue poco, los niños están concientizados de lo que está sucediendo, pero muy pocos plantearon soluciones para aportar un granito de arena al gran problema que estamos viviendo.
A pesar de todo, los niños disfrutaron mucho la actividad, y más porque se llevaron los materiales con los que trabajaron. Sus manos llenas de pintura, demostraron la felicidad que sintieron al aportar sus ideas en lienzo. Todos se dispusieron a limpiar su lugar de trabajo, organizados recogían cada servilleta, cada vaso lleno de agua sucia y todo lo que encontrarán así no fuera suyo. “Me parece fantástico que hagan estas actividades, ¿A qué niño no le gusta pintar? Es una terapia muy buena, ellos desarrollan lo que piensan y a la vez creo que se concientizan; obviamente hay que mostrarles videos previos para que ellos puedan pensar en soluciones”, asegura una jurado del concurso, la profesora de George Washington Patricia Gómez.
“Cartagena se va destruir, los polos se van derritiendo, el nivel del agua va a subir, mi dibujo expresa que la gente no es capaz de utilizar las canecas, y vamos contaminando poco a poco. Yo trato de no usar la luz cuando no es necesario, reciclo y por lo menos en el colegio siempre hemos tenido proyectos ambientales y me parece que los jóvenes de mi colegio no están concientizados, porque no les importa. Yo trataría de que las personas por lo menos, guarden sus residuos y lo boten en su lugar”. Esto dijó Geraldine Padilla estudiante de décimo grado del colegio Bertha Gadeon, sonríe tímida pero alegre por su resultado final.
Las aves cantaban, las ardillas se paseaban por los árboles muy cerca de los niños, todo era pintura y la creatividad volaba por cada uno de los rincones del parque centenario. Estaban todos satisfechos ya se sentían ganadores con solo el hecho de tener la oportunidad de sentarse ahí y pintar lo que pensaban, sentían y sabían sobre el cambio climático. Luego de la entrega de premios, todos se fueron con la frente en alto, sus caballetes en los brazos y felices por haber cumplido con la cita que no era solo ese día, sino todos los días porque estos niños ya están comprometidos en la lucha contra el cambio climático.